Konrad Lorenz – Fragmento de Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros

10972

Pero si deseamos establecer una relación más personal, porque vivimos solos y gustamos de tener a alguien que se alegre de nuestro regreso al hogar y nos reciba, entonces nos procuraremos un perro. No creamos que sea cruel tener a uno de estos animales en una vivienda urbana. Su felicidad depende principalmente del tiempo que podamos pasar con él y de las veces que pueda acompañarnos en nuestros paseos o salidas. No le importará esperar horas delante de nuestro gabinete de trabajo, si al fin le llega la ansiada recompensa que supone para él el dar un paseo de diez minutos con nosotros. Para el perro todo se resume en la amistad personal. Pero conviene meditar bien antes la responsabilidad que nos alcanza, porque la amistad con un perro fiel es firme y dilatada. Abandonarlo equivale a darle la muerte. Y pensemos también, si somos muy sentimentales, que la duración de la vida de nuestro amigo es mucho más breve que la nuestra y que es inevitable una triste separación después de diez o catorce años.